FALTA DE HABITOS DE ESTUDIO EN ADOLESCENTES
lunes, 17 de junio de 2013
Durante sus primeros años, las personas adquieren gran parte de los
mecanismos con que se relacionan con el mundo. La forma en que se
estudia también es incorporada en estas etapas durante las primeras
experiencias en la escuela. Cuando no se ha organizado correctamente la
manera de hacerlo, lo más probable es que aparezcan problemas, sobre
todo en la adolescencia cuando, al incremento de tareas se le agregan
preocupaciones típicas de esta edad. Pero no todo está perdido. Con
constancia y fuerza de voluntad se logran buenos resultados en las
calificaciones y, lo más importante, un aumento de la autoestima de los
jóvenes en tanto estudiantes.
Algo primordial es la organización del tiempo y las tareas pendientes. Es necesario distribuir con buen criterio los momentos de estudio tomando en cuenta las actividades extras y sin dejar de lado momentos para la distensión y el contacto social. Llevar una agenda organizadora será de gran ayuda. También es importante escoger un espacio para el estudio que resulte tranquilo y acogedor. En la medida de las posibilidades de cada familia, intentar que, al menos en esos momentos, no haya interferencias. Utilizar siempre el mismo sitio, facilitará la incorporación de rutinas.
Finalmente, es básico que cada estudiante, disponga de una metodología de estudio que le resulte funcional. Quizá haya que probar con varias alternativas hasta encontrar la que se adapte mejor al ritmo, el grado de concentración y las habilidades cognitivas de cada uno. Se puede consultar en la red, en libros especializados o con un profesional del área qué opciones existen. Organización, método y tranquilidad resultan las claves fundamentales para transformar la hora de estudio en un momento placentero y obtener resultado satisfactorios.
Algo primordial es la organización del tiempo y las tareas pendientes. Es necesario distribuir con buen criterio los momentos de estudio tomando en cuenta las actividades extras y sin dejar de lado momentos para la distensión y el contacto social. Llevar una agenda organizadora será de gran ayuda. También es importante escoger un espacio para el estudio que resulte tranquilo y acogedor. En la medida de las posibilidades de cada familia, intentar que, al menos en esos momentos, no haya interferencias. Utilizar siempre el mismo sitio, facilitará la incorporación de rutinas.
Finalmente, es básico que cada estudiante, disponga de una metodología de estudio que le resulte funcional. Quizá haya que probar con varias alternativas hasta encontrar la que se adapte mejor al ritmo, el grado de concentración y las habilidades cognitivas de cada uno. Se puede consultar en la red, en libros especializados o con un profesional del área qué opciones existen. Organización, método y tranquilidad resultan las claves fundamentales para transformar la hora de estudio en un momento placentero y obtener resultado satisfactorios.
Con la llegada de la pubertad, el adolescente se preguntará por primera vez qué significa para él el trabajo, y si sus estudios son realmente lo que deberían ser.
El ejemplo de los padres, junto con un mayor sentido de la libertad y la responsabilidad, han allanado el camino para llegar hasta aquí. Sin embargo, el ejemplo no es lo único.
El esfuerzo personal es insustituible. Debemos seguir exigiendo, aunque esa exigencia ahora deba ser razonada de distinta manera.
No puede tratarse el tema del estudio, o del abandono de éste, durante la adolescencia sin hablar ya del trabajo.
Ahora lo importante no son sólo los hábitos de estudio (la adquisición de la laboriosidad y la capacidad de esfuerzo debió comenzar mucho antes, alrededor de los siete años), sino la motivación y la actitud que se tenga ante el estudio:
La educación del adolescente se debe orientar al hacer-pensar, para que pueda hacer suyos los valores familiares que se le han transmitido.
Capacidad intelectual
Durante la adolescencia, los jóvenes tienen capacidad para un esfuerzo intelectual continuado, y aún para el extraordinario.
Sin embargo, buscan inmediatez en los resultados y les falta la planificación y el orden necesarios para desarrollar hábitos de estudio diario.
Utilizan insuficientemente las técnicas de trabajo intelectual y suelen poner su empeño en memorizar más que en comprender, buscando esforzarse menos.
Suelen estar poco interesados por cuestiones culturales y no ven su trabajo como servicio a la sociedad. Necesitan ayuda para planificar su trabajo y supervisión y estímulo constantes para conseguir el hábito de estudiar a diario.
Interesa fomentar las aficiones culturales, más centradas en el desarrollo de su inteligencia y de su sensibilidad (lecturas, hacer teatro, asistir a representaciones, charlar de estos temas, realizar revistas...).
Aparece la capacidad de ilusión, en virtud de la cual remontamos las dificultades. Es una ilusión distinta a los meros intereses concretos que tenían cuando eran niños.
Por eso, es en la adolescencia cuando interesa profundizar en el sentido del esfuerzo y del trabajo, transmitiendo ideales por los que valga la pena esforzarse.
Paciencia y exigencia
Los educadores -padres y profesores- deben vivir e inculcar en el adolescente la necesidad de la paciencia, ya que las cualidades se desarrollan poco a poco.
Hay que enseñarle a que tenga paciencia consigo mismo y con lo que le pasa, especialmente en los "malos ratos", con los que también se aprende y se madura.
No conviene fomentar su impaciencia exigiendo minucias o cosas accidentales, queriendo arreglarlo todo a la vez, o destacando sólo lo negativo.
La exigencia, para lo fundamental: estudio, generosidad, respeto a los padres, hermanos, profesores y compañeros, etc.
No olvidemos que no están en condiciones de dar mucho, ya que en esta etapa su rendimiento, en todo lo que suponga esfuerzo personal, disminuye.
El ejemplo de los padres, junto con un mayor sentido de la libertad y la responsabilidad, han allanado el camino para llegar hasta aquí. Sin embargo, el ejemplo no es lo único.
El esfuerzo personal es insustituible. Debemos seguir exigiendo, aunque esa exigencia ahora deba ser razonada de distinta manera.
No puede tratarse el tema del estudio, o del abandono de éste, durante la adolescencia sin hablar ya del trabajo.
Ahora lo importante no son sólo los hábitos de estudio (la adquisición de la laboriosidad y la capacidad de esfuerzo debió comenzar mucho antes, alrededor de los siete años), sino la motivación y la actitud que se tenga ante el estudio:
La educación del adolescente se debe orientar al hacer-pensar, para que pueda hacer suyos los valores familiares que se le han transmitido.
Capacidad intelectual
Durante la adolescencia, los jóvenes tienen capacidad para un esfuerzo intelectual continuado, y aún para el extraordinario.
Sin embargo, buscan inmediatez en los resultados y les falta la planificación y el orden necesarios para desarrollar hábitos de estudio diario.
Utilizan insuficientemente las técnicas de trabajo intelectual y suelen poner su empeño en memorizar más que en comprender, buscando esforzarse menos.
Suelen estar poco interesados por cuestiones culturales y no ven su trabajo como servicio a la sociedad. Necesitan ayuda para planificar su trabajo y supervisión y estímulo constantes para conseguir el hábito de estudiar a diario.
Interesa fomentar las aficiones culturales, más centradas en el desarrollo de su inteligencia y de su sensibilidad (lecturas, hacer teatro, asistir a representaciones, charlar de estos temas, realizar revistas...).
Aparece la capacidad de ilusión, en virtud de la cual remontamos las dificultades. Es una ilusión distinta a los meros intereses concretos que tenían cuando eran niños.
Por eso, es en la adolescencia cuando interesa profundizar en el sentido del esfuerzo y del trabajo, transmitiendo ideales por los que valga la pena esforzarse.
Paciencia y exigencia
Los educadores -padres y profesores- deben vivir e inculcar en el adolescente la necesidad de la paciencia, ya que las cualidades se desarrollan poco a poco.
Hay que enseñarle a que tenga paciencia consigo mismo y con lo que le pasa, especialmente en los "malos ratos", con los que también se aprende y se madura.
No conviene fomentar su impaciencia exigiendo minucias o cosas accidentales, queriendo arreglarlo todo a la vez, o destacando sólo lo negativo.
La exigencia, para lo fundamental: estudio, generosidad, respeto a los padres, hermanos, profesores y compañeros, etc.
No olvidemos que no están en condiciones de dar mucho, ya que en esta etapa su rendimiento, en todo lo que suponga esfuerzo personal, disminuye.
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