Durante sus primeros años, las personas adquieren gran parte de los
mecanismos con que se relacionan con el mundo. La forma en que se
estudia también es incorporada en estas etapas durante las primeras
experiencias en la escuela. Cuando no se ha organizado correctamente la
manera de hacerlo, lo más probable es que aparezcan problemas, sobre
todo en la adolescencia cuando, al incremento de tareas se le agregan
preocupaciones típicas de esta edad. Pero no todo está perdido. Con
constancia y fuerza de voluntad se logran buenos resultados en las
calificaciones y, lo más importante, un aumento de la autoestima de los
jóvenes en tanto estudiantes.
Algo primordial es la organización
del tiempo y las tareas pendientes. Es necesario distribuir con buen
criterio los momentos de estudio tomando en cuenta las actividades
extras y sin dejar de lado momentos para la distensión y el contacto
social. Llevar una agenda organizadora será de gran ayuda. También es
importante escoger un espacio para el estudio que resulte tranquilo y
acogedor. En la medida de las posibilidades de cada familia, intentar
que, al menos en esos momentos, no haya interferencias. Utilizar
siempre el mismo sitio, facilitará la incorporación de rutinas.
Finalmente,
es básico que cada estudiante, disponga de una metodología de estudio
que le resulte funcional. Quizá haya que probar con varias alternativas
hasta encontrar la que se adapte mejor al ritmo, el grado de
concentración y las habilidades cognitivas de cada uno. Se puede
consultar en la red, en libros especializados o con un profesional del
área qué opciones existen. Organización, método y tranquilidad resultan
las claves fundamentales para transformar la hora de estudio en un
momento placentero y obtener resultado satisfactorios.
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